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Mi amiga, la cicatriz de la cesárea

Mi amiga, la cicatriz de la cesárea

Mi cuerpo estaba intacto hasta que llegaron ellos. Ni una cicatriz, ni un esguince, ni una simple torcedura en 30 años (un piercing no cuenta, ¿no?). Pero entonces llegó él, y con él, un corte que se abrió y se cerró después. Y cuando cicatrizó y fue seguro volver a intentarlo, llegó ella. Ese corte se volvió a abrir, se volvió a cerrar y cicatrizó de nuevo. 

No recuerdo cómo era mi cuerpo antes de que esa cicatriz me «dividiera» en dos, me dejara una especie de deformidad de forma abultada que siempre me acompañará. Pero no os confundáis, no me estoy quejando: adoro esta cicatriz. 

Gracias a ella tengo a las dos personas que más quiero en el mundo. Nunca me supuso un trauma saber que mis hijos iban a nacer por cesárea, todo lo contrario, lo acepté en seguida y me preparé para ello: en el caso de Little fue causa mayor, y en el de Mini, aunque yo lo decidí en cuanto supe que estaba embarazada, resultó que también era una decisión que no dependía de mí.

Esa cicatriz es la asombrosa puerta por la que salieron mis pequeños, y ni un solo día la he mirado mal; al principio, sí con temor al dolor, a no saber qué se sentía con una cicatriz, con curiosidad; los primeros días me daba cosa tocarla, porque nunca había tenido una cicatriz, pero ahora la mimo y la cuido, aunque admito que menos de lo que debería.

Es el recordatorio de dos pospartos dolorosos, en los que descubrí que soy más fuerte y cabezona de lo que creía, y que mucha parte en la recuperación tiene la fuerza que tú le pongas.

Mi cuerpo nunca volverá a ser el que era: la piel del abdomen está elástica, diástasis, los órganos se han recolocado dos veces, la tripa tiene pinta de no querer separarse de mí, y tengo un 2 x 1 en cicatrices.

Mi cicatriz es pequeña (12 cm) y no es fea (gracias, doctora). Todavía me asombra que mis pequeños salieran por ahí. Y me admiran los avances de la medicina, antes te abrían casi en canal y ahora te hacen un pequeño corte que, si te cuidas bien, puede quedar casi invisible.

Esta cicatriz, el rasgo físico más evidente de mi maternidad, me va a acompañar siempre, así que, racional como soy, tenía dos opciones: odiarla, no mirarla, avergonzarme de ella, tenerle asco, acabar odiando mi cuerpo y a lo mejor hasta a mis hijos, y deprimirme; o mirarla con alegría, con agradecimiento, aceptarla, como el que acepta el lunar inofensivo que lleva ahí toda la vida.

Y yo, que soy de no dar importancia a las cosas que no la tienen, elegí aceptar. Porque sí, porque vamos a estar juntas toda la vida. Mejor centrarnos en lo bueno y llevarnos bien, ¿no?

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6 thoughts on “Mi amiga, la cicatriz de la cesárea

  1. Yo he tenido dos partos. Uno, vaginal y el del pequeño, por cesárea. Y menos mal que existe la cesárea, porque si no ahora estaría contando otra historia… para mi la cesárea tampoco es traumática, como tú, yo «agradezco» que me hiciesen la cesárea. La mía fue de urgencia, así que casi ni tiempo para plantearme nada. Me preocupaba más la vida de mi bebé.

    1. Yo lo supe casi desde el principio, tuve tiempo de hacerme a la idea, pero además yo era muy novata, no tenía ideas preconcebidas de plan de parto o parto natural ni nada de eso. Creo que la unión de ambas cosas me ha ayudado a no verlo como algo malo, sino todo lo contrario. Gracias por comentar!

  2. Benditas cesáreas cuando son necesarias. Salvan vidas y evitan problemas. Así que maravilloso recuerdo tienes. Yo tengo el recuerdo de un «chichi» pélvico regulero, que es casi peor jejeje.

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